El Dr. Ricardo Alegría (1921-2011) otorga la Medalla de Oro del Instituto de Cultura Puertorriqueña en el Teatro Tapia del Viejo San Juan el 22 de noviembre de 1965. En este año, el décimo aniversario del Instituto, se le otorgó la medalla al historiador Rafael W. Ramírez (1884-1974), el arqueólogo Adolfo de Hostos (1887-1982), la ensayista y critica literaria Concha Meléndez (1895-1983), el poeta Evaristo Ribera Chevremont (1890-1976) y el compositor Rafael Hernández (1892-1965). A la extrema derecha, vestida de blanco, vemos a la Dra. Concha Meléndez. A su izquierda están Rafael W. Ramírez y Evaristo Ribera Chevremont. Vemos al Dr. Ricardo Alegría a la extrema izquierda, dirigiéndose al público.

La foto tiene al reverso el siguiente texto escrito a manuscrito en tinta azul:

Teatro Tapia, lunes 22 de noviembre de 1965
El Dr. Ricardo Alegría, director del Instituto de Cultura
se dirige al público
Medalla de Oro a Conchita

Además tiene un ponche en tinta azul que lee:

FOTOGRAFIA COMERCIAL
TOMADA POR EL DEPARTAMENTO
FOTOGRAFICO DE “EL IMPARCIAL”

En la edición de enero-marzo de 1966 de la Revista del Instituto de Cultura en las páginas 14 a la 16 se reseña esta actividad. Compartimos con nuestros lectores copia digital de estas páginas:

Revista ICP enero-marzo 1966 pag 14-16

 

Puede leer esta edición completa de la revista el el portal de Issuu del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Reproducimos a continuación el escrito tal como fue publicado para facilitar su lectura:

El Instituto de Cultura Puertorriqueña premia figuras Ilustres de la comunidad

En el año de 1960, al cumplir cinco años de fundado, el Instituto de Cultura Puertorriqueña creó la Medalla de Oro del Instituto, exclusivamente destinada a honrar a aquellos puertorriqueños que al enriquecimiento de las diferentes manifestaciones de nuestra cultura, mediante el estudio o la obra creadora, han consagrado una actividad constante y prolongada.

Las primeras medallas, concedidas en el mismo año, se otorgaron a cinco figuras ilustres de nuestras letras y nuestras artes: Augusto Malaret, Miguel Meléndez Muñoz, Miguel Pou, Antonia Sáez y Jesús Figueroa.

Con motivo del décimo aniversario del Instituto, celebrado en 1965, la Medalla de Oro se ha concedido a otras cinco destacadas personalidades: el historiador Rafael W. Ramírez, el arqueólogo Adolfo de Hostos, la ensayista y crítica literaria Concha Meléndez, el poeta Evaristo Ribera Chevremont y el compositor Rafael Hernández.

Concha Meléndez

Concha Meléndez, Bachiller en Artes de la Universidad de Puerto Rico, Maestra en Artes de la Universidad de Columbia y Doctora en Filosofía y Letras de la de México, es uno de nuestros valores literarios más positivos y de mayor prestigio, dentro y fuera de Puerto Rico.

Por largo tiempo profesora de la Universidad de Puerto Rico y por varios años Directora de su Departamento de Estudios Hispánicos, fue honrada con la designación de profesora emérita.

Su obra ensayística, a la par crítica y creativa, y realzada por un delicado sentido poético, se ha dirigido siempre a descubrir y exaltar los valores puramente estéticos y literarios. Ella constituye una de las contribuciones más valiosas a la cultura espiritual de Puerto Rico.

Su retiro de la cátedra no la ha apartado del cultivo de las letras. Por el contrario, se ha dedicado a estudiar y a escribir con renovado ardor, y de estos años son sus importantes estudios sobre la poesía de Alfonso Reyes y sobre el cuento puertorriqueño.

En su amplísima bibliografía figuran las obras La novela indianista en Hispanoamérica, Signos de Iberoamérica, Asomante, La inquietud sosegada: poética de Evaristo Ribera Chevremont, Figuración de Puerto Rico y otros estudios, y El arte del cuento en Puerto Rico.

Concha Meléndez puede señalarse a las generaciones puertorriqueñas como hermoso ejemplo de un espíritu siempre joven y alerta, perennemente dedicado al cumplimiento de una noble vocación. 

Rafael W. Ramírez

Para nuestra generación el nombre de Rafael W. Ramírez es sinónimo de historia de Puerto Rico. Esta identificación no puede ser más lógica y justa, por cuanto don Rafael mantuvo en la Universidad de Puerto Rico cátedra sobre nuestra historia por más de una generación y muchos de nuestros más distinguidos historiadores le tuvieron por maestro Antonio S. Pedreira, Lidio Cruz Monclova, Arturo Morales Carrión, Luis Manuel Díaz Soler y Ricardo E. Alegría figuran entre ellos.

El mérito de don Rafael en el campo de la historia no se ha limitado al ejercicio de la cátedra. Antes y después de su retiro de la Universidad, su magisterio ha alcanzado a otras personas, grupos e instituciones, a través de sus libros, de sus conferencias y de su arte de conservador. A él se deben la publicación de las revistas El mes histórico y Revista infantil borincana y la fundación del Museo de Historia de la Universidad de Puerto Rico. Su eficacia como divulgador de nuestra historia se debe también en gran parte a su dominio del arte de animar las estampas inertes del pasado con un inigualable poder de evocación.

Don Rafael no ha circunscrito a la historia el ámbito de su interés cultural. Se le debe la mejor obra publicada hasta la fecha sobre el folklore puertorriqueño.

Es justo que Puerto Rico reconozca, pública y oficialmente, el mérito de quien tanto ha hecho por dar a conocer su biografía como pueblo.

Evaristo Ribera Chevremont

La vastedad de la obra de Evaristo Ribera Chevremont está sostenida por calidad que llega a expresión muy alta en frecuentes, sucesivos momentos. Desde Desfile romántico, sus poemas de adolescencia, publicados en 1913, los libros van alineándose en avance que continúa aún, en entrega tan firme y absoluta que justifica el reconocimiento definitivo que ha recibido de la crítica.

Esta poesía fue creciendo en valores espirituales y estilísticos, según evidencian Tonos y formas y La llama pensativa. Los libros recientes llevan títulos que invitan a penetrar en un arte cada vez más hondo y seguro: Inefable orilla, Memorial de arena, El semblante, compuesto dos años antes que Punto final. Final no significa aquí silencio, terminación, sino —como dice el poeta— enriquecimiento interior, lucidez, perfeccionamiento, y en el orden moral, tolerancia; final de un proceso de madurez en que lo sufrido, vivido y amado se funden y destilan en el ensueño y la creación. Esto lo confirma en su último libro, Principio de canto, que acaba de aparecer.

«En todos los caminos llega a Dios por la palabra que es acento, luz y llama», ha escrito de Ribera Chevremont Federico de Onís, afirmando que es «uno de los mayores poetas de nuestra lengua».

Rafael Hernández

Rafael Hernández representa para el Puerto Rico de hoy lo que Juan Morel Campos representó para nuestro pueblo a fines del siglo pasado. Como Morel Campos en sus danzas, este compositor recoge el alma de su patria en sus canciones, que el pueblo reconoce como expresiones de su más profundo sentir.

Sin perder nunca los más representativos valores y acentos de la patria borinqueña, Rafael Hernández conjunta en sus composiciones el sentir popular con el universal, en feliz unión que le colocaen relevante lugar en el panorama musical de nuestro tiempo. Sus cadencias son interpretadas y popularmente conocidas en todo el mundo.

Ninguna Medalla de Oro del Instituto de Cultura Puertorriqueña, otorgada a quienes han consagrado su vida toda, en voluntad, inteligencia y tiempo, a enriquecer el acervo cultural del país, ha sido adjudicada con mayor justicia, porque ha terminado realmente el celo creador de este ilustre puertorriqueño, que del corazón de su pueblo extrajo el ave lírica que hoy surca todos los horizontes de la tierra llevando el mensaje musical de Puerto Rico.

Al autor de Campanitas de cristal, Capullito de alhelí, Preciosa y Lamento borincano otorgamos reverentemente esta medalla como humilde símbolo del cariño y la gratitud de los puertorriqueños a quien con el arte ha hecho una obra tan grande y tan bella de afirmación patriótica, de solidaridad hispanoamericana y de hermandad con todos los pueblos.

Adolfo de Hostos

Lo que se hereda no se hurta. Y don Adolfo de Hostos heredó de su padre, el insigne pensador don Eugenio María de Hostos, su decidida vocación al estudio y su entrañable amor a Puerto Rico. Esa vocación y ese amor, combinados, han formado a uno de los más eruditos y concienzudos investigadores de la historia y la arqueología de Puerto Rico.

Don Adolfo de Hostos ha estudiado nuestra prehistoria con rigor científico, publicando sobre esta materia importantes trabajos en revistas especializadas de prestigio internacional. Se le debe el haber reunido una de las mejores colecciones de piezas de nuestra cultura aborigen, que hoy posee el Museo de Historia de la Universidad de Puerto Rico.

En 1935 fue designado Historiador Oficial del país. Poco después, en su carácter de Director del Índice General Histórico de Puerto Rico, inició junto con un grupo de distinguidos colaboradores, la valiosísima labor de organizar el Tarjetero Histórico de Puerto Rico, del que se han publicado hasta el presente tres tomos, bajo el título de Tesoro de Datos Históricos de Puerto Rico: Para el mismo período dirigió los trabajos arqueológicos relacionados con las excavaciones de Caparra.

Es autor de las obras: Las excavaciones de Caparra, El fondeadero de Colón en Puerto Rico, Índice hemero-bibliográfico de Eugenio María de Hostos, Anthropological papers, Al servicio de Clío y Ciudad Murada.

En don Adolfo de Hostos tiene la juventud puertorriqueña un ejemplo cimero de las cualidades de consagración al estudio y de escrupulosidad científica que son las marcas de un verdadero sabio.

Fuentes: Foto de la colección de los familiares de Concha Meléndez; Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña.